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Una comparsa que es de todos: carta abierta a Irun

Hay días que cuentan más que otros. Algunos marcan un antes y un después.

Las figuras que forman la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de la Sociedad Irun’go Atsegiña no son simples elementos festivos. Son patrimonio cultural centenario, testimonio vivo de generaciones que han sabido celebrar la vida y la identidad de una ciudad que se reconoce en sus tradiciones. El pasado 24 de mayo, Irun volvió a rendirles el homenaje que merecen.

Acompañados por un día espléndido, por la música generosa de la Banda “Ciudad de Irun”, las bandas de dulzaineros y por el afecto de cientos de personas, vivimos una jornada que quedará en el recuerdo: la despedida de los cabezudos antiguos, la bienvenida a los nuevos, la elegancia de los gigantes, la emoción compartida. Pero nada de lo que ocurrió fue fruto de la casualidad. Lo que se vio ese día fue solo la cara visible de una historia larga y comprometida.

Desde 1937, año en que la Comparsa fue confiada a la Sociedad Irun’go Atsegiña, muchas personas han asumido —de forma desinteresada, constante y generosa— el reto de mantener viva esta tradición. Las figuras ya eran antiguas cuando llegaron a nuestras manos, y desde entonces han sido restauradas, documentadas y transmitidas con mimo, conocimiento y respeto. Porque sabíamos, y seguimos sabiendo, que no estamos ante elementos decorativos: estamos ante piezas únicas, frágiles, irrepetibles. Estamos ante memoria en movimiento.

El 24 de mayo no fue solo una presentación: fue también una despedida. Una última salida para los cabezudos antiguos, que dejaron paso a los nuevos en un relevo cargado de simbolismo y emoción. Un gesto colectivo que reafirma lo esencial: que esta tradición vive gracias a quienes la transmiten, la respetan y la hacen suya, generación tras generación.

El proyecto de hacer resurgir a la Comparsa que culminó ese día ha sido largo y exigente. Ha implicado investigación, creación, escucha, decisión, ilusión, responsabilidad. Pero sobre todo, ha sido colectivo. Detrás de cada paso hay nombres propios: comparseros, artesanos, músicos, organizadores, vecinos y vecinas que han puesto su granito de arena para que esta Comparsa siga saliendo a la calle con dignidad y sentido.

Desde la Sociedad Irun’go Atsegiña queremos expresar nuestro agradecimiento más sincero a quienes han estado implicados en los últimos años, por supuesto, pero también —y muy especialmente— a todas las generaciones anteriores, que han sostenido este legado con humildad y dedicación. Sin ellas, simplemente, no estaríamos hoy aquí.

Gracias también a la ciudad de Irun. Porque con vuestra cercanía, con vuestros aplausos, con esa mezcla de nostalgia y alegría que se lee en las caras cada vez que la Comparsa sale a la calle, nos confirmáis algo fundamental: estos gigantes y cabezudos no son solo de la Irun’go Atsegiña. Son de Irun entero. La Comparsa está bajo nuestra custodia, pero forma parte del corazón festivo, emocional y simbólico de la ciudad.

Sabemos bien lo que tenemos entre manos. Y por eso queremos decirlo con claridad serena: estamos ante un legado que merece cuidado. Un patrimonio delicado, valioso, que no puede improvisarse ni sustituirse. Su valor no es solo estético: es histórico, afectivo y cultural. Y como tal, necesita la implicación activa de quienes tienen la responsabilidad de preservar lo que nos identifica como comunidad.

Con esta carta no buscamos cerrar nada, sino compartir. Compartir el orgullo por lo logrado, el agradecimiento por lo vivido y la voluntad firme de seguir adelante. Que estos gigantes y cabezudos sigan despertando emociones, uniendo generaciones, y recordándonos que hay tradiciones que no se repiten: se heredan, se cuidan y se celebran.

Que el recuerdo del ayer siga caminando mañana, al paso de los gigantes y cabezudos de Irun.

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